MASSACHUSETTS.- La feroz cacería de las brujas de Salem
12/09/06

A finales de 1862 la casa parroquial de Salem, en la bahía de Massachusetts, Nueva Inglaterra, era un lugar apacible, ajeno a los sucesos de mortales consecuencias que se desarrollarían en él.

Se puede rescatar, de algunos escritos, que en el lugar, una esclava originaria de las Antillas, llamada Tituba además de sus obligaciones en la cocina tenía la tarea de entretener a dos niñas muy inquietas: Elizabeth Parris, la hija del ministro, y a la prima de esta, Abigail, de 9 y 11 años respectivamente.

Parece ser que poco a poco, la conducta de Elizabeth y Abigail comenzó a cambiar. Según las crónicas de la época, la primera rompía a llorar sin motivo, en tanto que la otra corría en cuatro patas y ladraba como si fuera un perro.


El reverendo Parris comenzó las pesquisas y se enteró de cierto Pastel de Brujas elaborado por el marido de Tituba que, según se cuenta, incluía entre sus ingredientes harina de centeno y orina de niño.

Eso fue suficiente para el escándalo. Las niñas se asustaron tanto que al ser interrogadas señalaron a Tituba, a Sarah Good (una mujer indigente que tenía el habito de fumar pipa y que se supone era era deficiente mental) y a Sarah Osborne, una invalida que vivía con un hombre sin haberse casado.

Tituba confesó que era bruja y que ella era solo una de las tantas brujas del pueblo; también confesó que un hombre alto de Boston le había enseñado un libro en donde figuraban todas las brujas de la colonia. Así comenzó en Salem la cacería de brujas, ejecutando a quienes no se confesaran ser brujas. Tituba se salvó pero fue vendida por los Parris.

En 7 meses fueron ejecutados 7 hombres, 13 mujeres, se arrestó a 200 personas y 200 más ya habían sido acusadas por la niña Parris. Los jueces se basaban en los testimonios de gente que aseguraba haber conocido la verdad por medio de fantasmas y espectros, y el veredicto distaba mucho de ser imparcial.

Los acusados pertenecían a clases sociales poco favorecidas. La opinión pública sólo se conmovió cuando la locura generalizada alcanzó las capas más altas de la sociedad –incluso el presidente de la Universidad de Harvard se vio involucrado en las acusaciones-.

Finalmente el gobernador William Phips perdonó a todos los sospechosos de brujería que aun no habían sido ejecutados y exoneró a todos los muertos… 18 meses después de iniciada la feroz cacería.

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