Más de mil personas vivieron la fiesta de los 300 años de San Isidro en el tradicional hipódromo
17/10/06

El gobernador bonaerense, Felipe Solá, visitó anoche el municipio de San Isidro en el marco de los festejos por los 300 años de la localidad.

Solá presidió el acto central que se llevó a cabo en el Hipódromo de San Isidro, en el que participaron mas de mil personas.

En la oportunidad, el mandatario provincial anunció que en noviembre se llamará a licitación para la construcción de un túnel de doble mano, en el Camino de Cintura, debajo de las vías, para la localidad de Boulogne.

La ceremonia contó obviamente con la participación del Intendente local, Gustavo Posse, entre otras autoridades provinciales y municipales.


UN POCO DE HISTORIA

La historia comenzó hace 300 años, cuando el capitán Domingo de Acassuso hizo realidad aquel legendario sueño para legar a perpetuidad el nombre de este pueblo y la devoción al Santo Labriego, que los sanisidrenses recuerdan cada 15 de mayo.

Así fue como en aquel lejano 14 de octubre de 1706, Domingo de Acassuso testimoniaba ante el notario que: “Yo tengo especial devoción con el Señor San Isidro Labrador, por lo cual y el deseo que me asiste de celebrar su fiesta, he resuelto erigir capilla que a un mismo tiempo sirva para que los vecinos y moradores del Pago de Monte Grande logren el bien de tener misa todos los domingos y días de fiesta…”

Con aquellas mágicas palabras -que bien podemos considerar como el acta bautismal del pueblo de San Isidro- Acassuso había fundado su Capellanía poniéndola bajo la advocación del Santo Labriego, a quien reconoce como “favorecedor mío y de mi casa y familia de los reynos de España…”

Leyenda o realidad, aquel sueño que Acassuso tuviera bajo un frondoso espinillo, en el mismo lugar donde hoy luce la neogótica Catedral, en el que se vio como edificador de una capilla dedicada a San Isidro Labrador, sin duda tuvo su origen en la devoción que le profesaban sus antepasados, todos porfiados vascos del pueblo de Zalla, en las Encartaciones de Vizcaya, donde poseían de tiempo inmemorial la capilla de San Isidro, Santo Patrono de su familia.

Siguió dando vueltas la inexorable rueda del tiempo, y en los alrededores de aquella pequeña capilla se fue formando un pueblo, integrado en su mayoría por modestos labriegos que trabajaban sus extensas chacras, pescadores y pequeños comerciantes.

Fue así que San Isidro fue la proveedora de pan, legumbres, frutas y leña de Buenos Aires, siendo entonces esa actividad la mayor fuente de ingresos de sus pobladores.

Con los años, los porteños pudientes, atraídos por la belleza de estas costas, fueron adquiriendo aquellas chacras para destinarlas a residencias veraniegas, hasta que, poco a poco, se afincaron definitivamente, transformando las extensas chacras en quintas. Aquellas tierras cambiaron varias veces de manos y destinos, acelerando el proceso de parcelamiento que acompañó la evolución urbanística de este municipio para que adquiriera la categoría de ciudad.

Ya en nuestros tiempos, San Isidro logró un desarrollo urbano poco común, conformando y conservando un “Casco Histórico” en las inmediaciones de su antiguo templo parroquial, un abigarrado centro comercial y habitacional con modernos departamentos y sus característicos barrios residenciales y de los otros que, en su conjunto, configuran uno de los municipios más atractivos en la Región Metropolitana Norte.

No obstante el tiempo transcurrido, aquel sueño de Domingo de Acassuso ha perdurado durante tres siglos y continuará envolviendo a sus habitantes con su influjo espiritual cada 15 de mayo, cuando recordemos al Santo Patrono que nos honra con su nombre.

El texto pertenece a Bernardo Lozier Almazán
Director Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipalidad de San Isidro.

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