Italia: los encantos y sabores de Sicilia y Marsala
29/08/16

Sicilia es la isla más grande del Mediterráneo y, en términos vitivinícolas es una de las regiones más importantes de Italia, ya que produce una cantidad de vino parecida al Veneto o Emilia Romagna.

En la isla se producen vinos blancos y tintos, básicamente con cepas locales como Catarrati, Inzolia, Garganega, Nerello, Nocera. Están registradas unas 15 Denominaciones de Origen, y algunos vinos son tan antiguos que sus orígenes y usos se confunden con la leyenda. Por ejemplo, la DOC Etna (con el mismo nombre que el volcán), produce vinos blancos y tintos y ya es mencionada por Homero en la Odisea como el vino que Ulises usó para emborrachar al cíclope.


Sin embargo, a nivel mundial, la producción de vinos de la isla es famosa sobre todo por los vinos dulces, particularmente el que se produce en el puerto de Marsala. El nombre de la ciudad proviene del árabe (Marsah-el-Allah), ya que fue construído cuando este pueblo dominaba la isla.

Aparentemente, vinos de un estilo similar ya eran producidos durante la época romana, pero el origen cierto del estilo de vino tal como lo conocemos se remonta a 1773, y fue desarrollado por un inglés, John Woodhouse, de Liverpool. ¿Por qué un inglés?: como explicaremos posteriormente, el Marsala es un vino fortificado, es decir, un vino al cual se le adiciona alcohol, como son los vinos de Jerez, Oporto y Madeira, todos ellos también desarrollados bajo influencia inglesa aproximadamente en la misma época. La innovación se debió a que, al fortificar estos vinos se los hacía más resistentes a los viajes (las condiciones de transporte de esa época no eran las ideales), y entonces los caldos fortificados llegaban en mejores condiciones de ser comercializados a Inglaterra, mientras que los vinos sin adición de alcohol en general se estropeaban en el trayecto.

Entonces este vino se elabora desde el siglo XVIII, sin embargo, el Marsala tal como lo conocemos hoy en día se debe a la reglamentación de la DOC que se hizo en 1969, y que introdujo algunos elementos más a la forma de producción de este vino y a los estilos resultantes.

Para elaborar el Marsala se utiliza principalmente la cepa local Grillo, aunque también se puede complementar con Inzolia, Catarratto y Damasquino. Cuando el vino está elaborado se lo fortifica o, como se conoce técnicamente, se lo encabeza añadiendo alcohol, con lo cual se logra una graduación alcohólica de 17-18 grados (los vinos obtenidos por fermentación solamente pueden tener un máximo de 14 grados ya que por encima de esta concentración de alcohol se mueren las levaduras). Para lograr un mayor dulzor también se puede agregar mistela, mosto concentrado por calor o mosto de uvas pasas.

De acuerdo al proceso y los ingredientes que se hayan utilizado, se obtienen tres estilos de Marsala con diferente dulzor: seco (40 gr por litro de azúcar, es un vino más similar al Sherry), semisecco (de 40 a 100 gr de azucar por litro) y dolce (más de 100 gr de azúcar por litro). En cuanto al color, en la etiqueta también vamos a encontrar términos como oro (dorado), ambra (ambarino) y rubino (rojizo). Y por último, los años de añejamiento en toneles se indican con los términos: Fino (1 año), Superiore (al menos dos años), Vergine (de 5 a 10 años), Solera o Vergine Stravecchio (10 años).

Los productores más conocidos son Cantina Florio, Cantina de Bártoli y Carlo Pellegrino.
Hablando del maridaje, los secos se disfrutan mejor solos o como aperitivo antes de las comidas (recordar no a los vinos dulces en esta instancia), y los dulces van muy bien con los postres regionales como las famosas galletas cantucci.

Foto: Etiqueta de vino Marsala
Textos: Susana Martínez Castro/ Especial Turismo 530


 

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