Racing recuperó los planos del cilindro con una historia fascinante
09/11/16

Acá están, estos son: Elsa y Eduardo Baumeister donaron al Archivo Histórico un material fundamental para reconstruir la memoria del club. Conocé detalles inéditos de un estadio grandioso.

En un instante, la voz de Elsa amagó a quebrarse. La miraban absortos un pibe de 20 y un tipo de 50. Ninguno de los dos podía terminar de creer que los papiros que estaban abiertos sobre el pedazo de madera en el que Ricardo Zielinski apoya los codos cada vez que habla en conferencia de prensa fueran los planos originales del Cilindro. Pero sí. Ahí estaba ese jirón fundamental de la historia de Racing y ahí estaba también la emoción de Elsa, sentada al lado de su hermano Eduardo, ante el recuerdo imborrable del aporte de su papá, Eduardo E. Baumeister, a la construcción del Estadio Presidente Perón. Ni pudo ni quiso ocultar su alegría la hija del ingeniero que hacia finales de la década de 1940 participó de la gestación de la casa de la Academia: “A mi papá le hubiera encantado que los planos estuvieran de nuevo acá. Estamos muy felices de colaborar con el Archivo Histórico”.

Elsa y Eduardo gambetearon el primer calor potente de la primavera como pudieron. Con el asombro devorándoles los rostros, fueron y vinieron por el campo de juego sin dejar de comentar los detalles de una historia muy poco conocida en el club. Claro que se sacaron fotos con el mástil de fondo y claro que se sacaron fotos contra uno de los arcos y claro que se sacaron fotos en el banco de suplentes local. Absolutamente lógico: los dos querían que ese momento quedara retratado para la eternidad. “Mi papá contaba que tuvo que hacer una maqueta del estadio, a la que le faltaba una parte considerable, para llevársela a Perón. La idea era mostrarle que debían aparecer los fondos para finalizar la obra”, relató Eduardo antes de aclarar que, de chico, había estado varias veces viendo partidos de Racing de la mano del hombre que le había enseñado a disfrutar del fútbol.


La Compañía General de Obras Públicas S.A (GEOPÉ), una de las empresas constructoras más destacadas del continente, fue la encargada de llevar adelante la monumental edificación. Surgida como una filial de la compañía Philipp Holzmann, de capitales alemanes, ganó prestigio desarrollando proyectos urbanos como El Obelisco, el Colegio Nacional de Buenos Aires y La Bombonera. El abuelo de Elsa y de Eduardo trabajaba ahí. Falleció joven y su hijo consiguió ocupar su lugar. Así fue como se le presentó la oportunidad de poner su capacidad laboral al servicio de la Academia, que consumó el anhelo de tener un gran estadio propio el 3 de septiembre de 1950 en el triunfo por 1 a 0 frente a Vélez.

Pero la clave de todo esto radica en el mástil. Que no es cualquier mástil ni está ubicado en cualquier lugar. Según explica Elsa, su papá nació a las tres de la tarde de un 28 de septiembre y, para estampar su sello en la obra, colocó el mástil de tal forma que, en la fecha de su cumpleaños y a la hora de su nacimiento, la sombra se proyectara justo en la mitad de la cancha. Sí, así de increíble como suena: un juego de luces y de sombras que expone con evidencia la imaginación del ingeniero Baumeister. Inédita para la mayoría de los hinchas, la leyenda conmueve los oídos atentos de quienes caminan los días con la sensibilidad a flor de piel. Por esas vueltas de la vida, Eduardo, un reconocido sociólogo especializado en asuntos agrarios, se hizo amigo de Eduardo “Lali” Archetti, un brillante intelectual santiagueño que realizó notables estudios sobre la relación entre el deporte y la sociedad –escribió, entre otras cosas, “El potrero, la pista y el ring: Las patrias del deporte argentino“ y “Masculinidades: fútbol, tango y polo en la Argentina“-. Juntos, en Oslo –donde vivía Archetti desde que se exilió en 1976-, en Managua –donde reside Eduardo desde hace décadas- o en Buenos Aires –una patria común para ambos-, repasaron una y mil veces una historia que hasta al propio Archetti, un erudito en mitologías futboleras, le sonaba imposible.

Pero lo cierto es que los planos están acá, en el Archivo Histórico de Racing. Gracias a los hijos del ingeniero Baumeister y gracias a todos los que apuntalan a diario la gestación de la memoria colectiva del club. Pueden dar fe de tanto trabajo el pibe de 20 y el tipo de 50 que, todavía absortos, miran con admiración los ojos de Elsa.


Fuente: http://www.racingclub.com.ar/


 

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