El mandatario brasileño revirtió el resultado de la primera vuelta y se impuso a Flávio Bolsonaro en el balotaje del domingo. Con el 51,79% de los votos válidos, obtuvo su cuarto mandato presidencial en una elección marcada por la polarización política.
Luiz Inácio Lula da Silva consiguió una victoria histórica en las elecciones presidenciales de Brasil al derrotar al senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, en la segunda vuelta celebrada el domingo 25 de octubre.
Según los resultados oficiales del Tribunal Superior Electoral (TSE), Lula obtuvo el 51,79% de los votos válidos, equivalentes a más de 64,2 millones de sufragios, frente al 48,21% de su rival, que reunió cerca de 59,8 millones de votos.
El resultado revirtió el escenario de la primera vuelta, cuando Flávio Bolsonaro había quedado en primer lugar, con el 47,03% de los votos, frente al 45,16% alcanzado por Lula. De esta manera, el actual presidente logró revertir una diferencia inicial de casi 2,3 millones de sufragios y terminó imponiéndose por más de cuatro millones.
La remontada tiene un carácter inédito en la historia democrática reciente de Brasil: desde el final de la dictadura militar, en 1985, ningún candidato que hubiera quedado segundo en la primera vuelta había logrado imponerse en el balotaje presidencial.
Un nuevo mandato en un país polarizado
La victoria le permitirá a Lula continuar al frente de la principal economía de América Latina durante otros cuatro años. El dirigente del Partido de los Trabajadores asumirá su cuarto mandato presidencial el 5 de enero de 2027, tras haber gobernado el país entre 2003 y 2010 y desde 2023 hasta la actualidad.
La elección volvió a poner de manifiesto la profunda división política de la sociedad brasileña, con dos proyectos enfrentados y una diferencia de poco más de tres puntos porcentuales entre ambos candidatos.
El resultado también tendrá implicancias para el escenario regional, en un contexto de cambios políticos en América Latina y de diferencias entre los gobiernos de la región respecto de sus orientaciones económicas y sus relaciones internacionales.
Sin embargo, Lula deberá afrontar importantes desafíos internos, entre ellos las preocupaciones de la población por el costo de vida y la seguridad pública, además de la necesidad de negociar con un Congreso de orientación mayoritariamente conservadora para avanzar con su agenda de gobierno.
Con su triunfo, Lula inicia una nueva etapa política con el desafío de consolidar los apoyos que le permitieron revertir la primera vuelta y gobernar en un país que continúa dividido entre el oficialismo y el bolsonarismo.










































