Además de identificar el hallazgo milenario, el estudio brindó datos históricos sobre actividad volcánica en la zona, cambios en la dieta de los animales y presencia de contaminantes.

Investigadores de Argentina y Canadá analizaron el depósito de guano en un nido de cóndores ubicado en el Parque Nacional Nahuel Huapi y descubrieron que el sitio es utilizado desde hace al menos 2200 años.

El nido se encuentra en una montaña dentro del área protegida a más de 1.100 metros de altura. El clima seco y la existencia de una cornisa rocosa sobresaliente que ofrece protección permitieron preservar el sitio y su depósito de guano durante todo este tiempo.

Nido de cóndores con más de 2.000 años de uso. Crédito: Lorenzo Sympson
Nido de cóndores con más de 2.000 años de uso. Crédito: Lorenzo Sympson

Según indicaron los autores del estudio, los cóndores andinos generalmente anidan en lugares protegidos de depredadores y ubicados en salientes rocosas y cuevas en acantilados. Debido a que los sitios de calidad para este fin pueden ser limitados, suelen ser reutilizados de generación en generación mientras las condiciones ambientales permitan la actividad reproductiva.

El investigador de la Universidad de Queen’s y autor principal de la publicación, Matthew Duda, explicó que el depósito constituyó «un registro algo poco ortodoxo y especial», dado que el depósito que encontraron conformaba una capa de unos 25 centímetros de guano alrededor del nido. Tras escalar hasta el nido y tomar muestras de la roca sedimentaria formada por la acumulación de heces, los científicos aplicaron distintas técnicas de análisis y datación.

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Cóndor andino cercano a su nido. Crédito: Sergio Lambertucci

Los resultados brindaron evidencia acerca de períodos de vulcanismo y caída de ceniza que pudieron haber interrumpido el uso del sitio para anidar, reanudándose una vez finalizado y recuperadas las condiciones locales favorables. También proporcionaron un registro sobre la dieta de los cóndores y su exposición a contaminantes durante todos estos años, identificando cambios en su alimentación atribuibles al impacto humano tales como el reemplazo de la fauna nativa por ganado doméstico y la presencia de plomo y mercurio en los cadáveres de los que se alimentaron estos animales.

“Este estudio muestra lo importantes que pueden ser sitios particulares que son seleccionados por individuos de una especie y se mantienen utilizados a lo largo de muchas generaciones. Sin dudas han nacido muchos pichones de cóndores en ese nido; afortunadamente el sitio se encuentra dentro de un Parque Nacional”, destacó Sergio Lambertucci, investigador del CONICET y la Univesidad Nacional del Comahue.

Cóndor andino. Crédito: Sergio Lambertucci
Cóndor andino. Crédito: Sergio Lambertucci

De esta manera, los estudios paleoecológicos ofrecen información novedosa sobre aspectos históricos y profundizan nuestro conocimiento acerca de las especies y los cambios e impactos en el ambiente, tanto de origen natural como inducidos por el humano. En este sentido, las áreas protegidas resultan fundamentales para la preservación de diversos valores naturales y culturales conocidos y por descubrir, siendo áreas estratégicas para la producción de nuevo conocimiento a partir de la ciencia y la tecnología.

El estudio completo se encuentra publicado en Proceedings of the Royal Society B