La aparición de la flor de taperiguá marca el inicio del Arete Guazú, una gran festividad que reúne a las comunidades guaraníes de las Yungas jujeñas.
Este evento celebra la cosecha del maíz y el reencuentro con los ancestros. La comunidad Cuape Yayembuate abrió las puertas al equipo del Ministerio de Cultura y Turismo, permitiendo que la tradición y la cultura guaraní se compartan con todos.
El Arete Guazú: la gran celebración espiritual de los pueblos guaraníes en las Yungas de Jujuy
Con la aparición de la flor de taperiguá, una vibrante flor amarilla también conocida como flor del carnaval, las comunidades guaraníes de las Yungas jujeñas dan inicio al Arete Guazú. Esta gran festividad marca el reencuentro con sus ancestros, la cosecha del maíz y la reafirmación de su cosmovisión. Celebrada durante febrero y marzo, es uno de los pilares culturales y espirituales del pueblo Ava Guaraní, una manifestación de identidad que trasciende generaciones.
Un tiempo de preparación y encuentro
Antes del Arete Guazú, las comunidades llevan a cabo el Atiku, un período de preparación donde las mujeres elaboran el caguï, la tradicional chicha a base de maíz fermentado, mientras los hombres afinan los instrumentos musicales como la angua (tambor), la temimbi (flauta) y las cajas. También se confeccionan las aguero güero, máscaras que representan los espíritus de los ancestros que visitan a sus descendientes durante la festividad.
Che chere Sebastián Mamani, integrante de la comunidad Cuape Yayembuate de Calilegua, explica que durante el Atiku “las mujeres preparan su vestimenta típica, el mandú, para estar listas para la celebración, y los hombres alistan los instrumentos y las máscaras que dan vida al Arete Guazú. Es un momento de gran significado, porque también es una fiesta espiritual donde nuestros ancestros nos visitan”.
El Arete Guazú: celebración de la vida y la memoria
El Arete Guazú inicia después del mötiro, un tiempo de trabajo comunitario, y coincide con la cosecha del avati (maíz). La festividad es una oportunidad para fortalecer la comunidad, compartir danzas como el pim pim, en el que los participantes bailan descalzos al ritmo de la música, y reafirmar el respeto por la naturaleza y los antepasados.
Che chere Juan Pablo Ramírez, hermano de la comunidad Cuape Yayembuate y miembro de la comunidad Colla Guaraní, destaca que “el Arete Guazú es una expresión cultural que representa nuestra espiritualidad y el reencuentro con nuestros ancestros. Caminamos por el Kaa (monte), donde sentimos la presencia de Kaa Iya, el dueño de la naturaleza, quien nos protege”.
Además de la música y la danza, la comunidad impulsa actividades que mantienen vivas sus raíces, como la enseñanza del idioma, la artesanía y el funcionamiento del museo Ñande Reko, un espacio gestionado por jóvenes de la comunidad donde se preservan saberes y tradiciones.
“El Arete Guazú no solo es una fiesta, sino también una forma de resistencia cultural”, subraya Ramírez. “Hoy seguimos presentes gracias a Ñandero Tumpa (nuestro Dios), que nos da la fuerza para continuar compartiendo lo que nos dejaron nuestros abuelos. Queremos que quienes nos visitan se lleven un poco de nuestra cultura y comprendan el respeto con el que honramos nuestras raíces”.
Una celebración que trasciende fronteras
A lo largo de las Yungas jujeñas, distintas comunidades se reúnen en esta época para vivir el Arete Guazú. La comunidad Cuape Yayembuate, cuyo nombre significa “Aquí Nos Reunimos”, es una de las protagonistas de esta celebración, que trasciende el territorio y convoca a hermanos guaraníes de diversas regiones.
La festividad es un testimonio vivo de la cosmovisión Ava Guaraní, un momento de conexión con la tierra, los antepasados y la comunidad. A través de la música, la danza, la gastronomía y el ritual, los pueblos guaraníes reafirman su identidad y proyectan su cultura hacia el futuro, preservando un legado ancestral que sigue latiendo en el corazón de las Yungas.