Las temáticas de género atraviesan hoy a la sociedad civil visibilizando problemáticas antes no cuestionadas, débilmente tratadas o simplemente silenciadas. Las razones del porque el feminismo es tan presente hoy y no antes son diversas desde las culturales, políticas, sociales, religiosas, económicas, lo cierto es que las luchas de las mujeres (en sus diversas vertientes) es de larga data como lo expresa el movimiento de mujeres sufragistas, mujeres trabajadoras, mujeres contra la violencia doméstica y sexual, en el mundo, en latinoamérica y en nuestro país. Desde hace tiempo los reclamos no cesan, se
incrementan en presencia, organización en todos los rincones.

El turismo como actividad socioeconómica generadora de ingresos, recursos humanos, laborales y sociales también recibe el impacto de ese torbellino de ideas que abrevan de todas las escuelas feministas (Simón de Beauvoir, Nancy Frasser, Rita Segato, Judith Buttler, Ángela Davis por decir algunas) polemizando y permitiendo pensar. Sin embargo cuando hablamos de feminismo no todas nos referimos a lo mismo, como ocurre en otros ámbitos algunos sectores nada ingenuos por cierto pretenden señalarlo como parte de la modernidad o de fechas del calendario, al que pretenderán situarse para no quedar atrás menos ser furgón de cola, pues las mujeres en turismo somos una parte nada despreciable en cantidad e incidencia, habrá que estar atentas, bucear en sus contenidos y saber diferenciar.

Lo cierto es que el feminismo por sí sólo no garantiza la igualdad de derechos, ni la no discriminación, ni el cese del acoso laboral, ni de la violencia sexual. La matriz ideológica es más profunda en una sociedad de enormes desigualdades, con la cultura del patriarcado y con un estado que tiene mucho por deconstruir, mucho por controlar y dirigir. Si nos quedamos en la superficie solo recibiremos cantos de sirenas, repetición de modelos ya conocidos antesala de la frustración, y no trabajos orientados hacia cambios profundos y reales donde la mujer pueda obtener una justa redistribución y el reconocimiento que permita revalorizar identidades más allá de su color de piel, de su talle, o de su orientación sexual.

En el turismo la mujer representa más del 50% de los recursos humanos, esto se observa del simple transitar en el territorio, en las economías regionales, en los prestadores turísticos, en el ámbito privado y público del país, en los eventos, congresos y ferias internacionales.

La crisis económica, el Covid 19 y sus consecuencias aún no dimensionadas han puesto de manifiesto la precarización laboral del sector turístico, y en ella en un alto porcentaje se encuentran las mujeres que han asumido históricamente un rol esencial desde siempre sosteniendo la actividad en todos los rincones de nuestro país, ejerciendo profesiones y oficios donde la mujer es un motor vital de la economía. En estos meses la angustia y la incertidumbre por el cierre del turismo en provincias, corredores y municipios turísticos ha sido enorme, del mismo modo la mujer se ha visto afectada por cumplir además otros roles en el ámbito privado, como madre, hija, hermana, en esa función oculta pero necesaria y jamás reconocida como es en materia de cuidados.

Todo hace pensar que el turismo interno nacional jugará un rol fundamental a fines de este año en el mejor de los casos, cuando las condiciones sanitarias así lo permitan, cuando las provincias menos afectadas con la ayuda de Nación puedan elaborar protocolos mediante planes y proyectos que permitan el relanzamiento de la actividad.

Apelamos al estudio e implementación de políticas turísticas preparadas orientadas al despegue del sector, a la generación de empleo, participación y organización, los meros deseos no alcanzan aunque son bienvenidos pero jamás ayudaron al crecimiento y desarrollo del turismo que requiere conocimiento y tecnología. El futuro es incierto pero el desafío alimenta nuestras expectativas, también el de las mujeres que deberán ser convocadas no sólo las que se encuentran en organizaciones empresariales o de ese sector, sino en todas aquellos lugares que silenciosamente ponen presencia y trabajo, para ello hay que ir ahí al territorio donde se hallan trabajando, educando y participando.

LILIAN B. GARCÍA
Abogada y docente universitaria de UNDAV