El turismo en la Provincia en caída libre: funcionarios y empresarios preocupados admiten que fueron las peores vacaciones de invierno desde la pandemia, que dejó al descubierto el derrumbe del consumo que no encuentra piso.
La Provincia de Buenos Aires recibió 790.000 turistas durante las vacaciones de invierno, un 11,5% menos que en 2025 y un 22,3% menos que en 2023. El gasto turístico también se desplomó: alcanzó los $320.000 millones, con una caída real del 10,7% interanual y del 25,5% respecto de 2023. En ese período, la inflación acumulada llegó al 552%. Autoridades bonaerenses sostienen que el ajuste impulsado por el Plan Económico del Gobierno Nacional vació los bolsillos de la mayoría de los argentinos y advierten: “Hay movimiento, pero no hay gasto”. Hoteles, restaurantes y prestadores enfrentan una demanda cada vez más debilitada.
Las vacaciones de invierno volvieron a encender una luz de alarma sobre el turismo bonaerense. La provincia recibió 790.000 turistas, una cifra que representa una caída del 11,5% respecto de 2025 y del 22,3% frente a 2023.
Pero el dato que quizás mejor refleja la profundidad de la crisis aparece al mirar el impacto económico. Durante el receso invernal, el gasto turístico total fue de aproximadamente $320.000 millones, un 10,7% menos que en 2025 y un 25,5% inferior al registrado en 2023.
La comparación adquiere todavía mayor dimensión si se tiene en cuenta que entre ambos períodos la inflación acumulada alcanzó aproximadamente el 552%. Es decir, aun en valores corrientes mucho mayores, el turismo bonaerense generó un impacto económico considerablemente menor en términos reales.
Las cifras ya no dejan demasiado margen para las interpretaciones. «El turismo bonaerense está en crisis y las vacaciones de invierno de 2026 fueron las peores desde la pandemia. – sostuvo Soledad Martínez, subsecretaria de Turismo de la Provincia.
El problema no es solamente cuántos turistas llegan
La ocupación promedio durante los fines de semana de las vacaciones de invierno se ubicó en 33,5%, un 4,6% menos que en 2025 y un 10,1% por debajo de 2023.
Pero desde la Provincia advierten que mirar únicamente el porcentaje de ocupación puede llevar a una conclusión equivocada.
En ese sentido, Soledad Martínez, explicó que la actividad turística viene «en picada desde el verano» y que la retracción se observa no solamente en la cantidad de visitantes, sino también en el consumo y en la cantidad de días de permanencia.
“Hay movimiento, pero no hay gasto”
La frase de la subsecretaria de Turismo de la Provincia, Soledad Martínez, resume quizás mejor que cualquier porcentaje lo que está ocurriendo en los destinos bonaerenses.
«Los números de ocupación indican que hay algo de movimiento, pero no hay gasto», resumió la funcionaria.
La frase sintetiza uno de los principales problemas que atraviesa actualmente al sector: el turista que todavía puede viajar está modificando su comportamiento para gastar menos.
Martínez señaló que se multiplicaron las búsquedas de alternativas para reducir costos, como hoteles con cocina, casas de familiares y viajes compartidos. También se redujo el consumo de actividades, excursiones y otros servicios complementarios.
El fenómeno golpea especialmente a los establecimientos de dos y tres estrellas, que deben afrontar elevados costos de mantenimiento y apertura aun cuando la demanda resulta insuficiente. En los hoteles de mayor categoría, en cambio, la ocupación puede mantenerse relativamente más estable.
También existe una diferencia entre destinos. Según el análisis de la funcionaria, los lugares de mayor costo pueden conservar determinados niveles de ocupación, mientras que los destinos populares son los que sienten con mayor intensidad la caída.
Una tendencia que viene desde el verano
La crisis no comenzó durante las vacaciones de invierno. Los números acumulados de 2026 muestran una tendencia descendente en prácticamente todos los principales períodos turísticos.
Durante los siete fines de semana largos registrados en lo que va del año, la provincia recibió unos 2,4 millones de turistas, equivalentes a aproximadamente 77.000 visitantes por día.
La cifra representa una caída del 1,1% respecto de 2025 y del 28,5% frente a 2024.
El deterioro había sido todavía más fuerte durante la temporada de verano 2025/26. En comparación con el verano 2022/23, la provincia perdió más de 1,2 millones de turistas, mientras que el consumo se contrajo más del 41,5%.
A su vez, los ingresos reales generados por el turismo durante el verano cayeron 29% respecto de la temporada 2024/25.
La secuencia empieza a ser difícil de ignorar: La retracción se observa en tres variables simultáneas: menos turistas, menos días de permanencia y menos consumo por visitante.
Menos viajeros durante el verano; menos durante los fines de semana largos; menos durante el invierno; caida brutal del consumo y menor impacto económico en las localidades.
Y detrás de esa sucesión aparece una cuestión clave: la pérdida de capacidad de consumo de los hogares argentinos. El ajuste del Plan Económico, con un dólar planchado y una inflación anual que supera el 30%.
Empresarios preocupados, pero la mayoría sin señalar la verdadera causa
La preocupación atraviesa al sector privado pero con una particular muy sorprendente: casi nadie habla del modelo económico y ni del ajuste. Dan vueltas por diversos temas, piden excenciones impositivas, hablan de que acomodar la macro economía lleva a perjudicar a algunos sectores como el turismo, pero de que el argentino necesita tener plata en el bolsillo para gastar en ocio y que una gran parte de los hogares están endeudados por gastos corrientes de comida, parece algo menor.
Hace algunos dias en una charla de café, recordamos una anécdota que refleja un poco el pensamiento de algunos de ellos. Cuando el gobierno de Mauricio Macri sacó los subsidios a la luz y el gas, ciertos dirigentes empresariales veían con muy buenos ojos la medida: «prefiero pagar lo que corresponde y que la luz no se corte» – se le escuchó decir al propietario de un tradicional hotel ubicado muy cerca del Obelisco porteño. Meses mas tarde, cuando las boletas de consumo se hacían insostenibles y la luz se les seguía cortando, cambiaron de opinión, les costó bastante admitirlo que es su ideal económico, el que pregonan, el que los termina perjudicando, como pasa ahora.
Y como decía Napoleón: un ejemplo suele aclararlo todo. Repasemos entonces lo que dijo Claudia Álvarez Argüelles, integrante del grupo empresario que administra más de diez hoteles de alta gama en Argentina, entre ellos Costa Galana y Grand Brizzo, describió recientemente la situación como «insostenible» durante una entrevista con Radio Brisas de Mar del Plata.
«Estamos en un momento muy crítico, no hay turismo interno y se recuperó muy poco el turismo internacional. No veo un horizonte bueno a corto plazo», sostuvo. Además señaló que no escapan de la crisis ni los hoteles de cinco estrellas.
La empresaria también reconoció que «el esfuerzo realizado por el sector durante otras crisis ya no alcanza» y manifestó su preocupación por la ausencia de un cambio de tendencia.
«Estamos en un momento muy crítico», insistió, al describir la situación de la hotelería y el turismo.
Sin embargo, resulta llamativo que, al momento de explicar las causas de esta crisis, buena parte de los empresarios del sector evita vincular directamente la situación con el actual esquema económico nacional, impulsado por un ajuste de recesión inducida.
Álvarez Argüelles adjudicó el fenómeno a la «transformación que está teniendo nuestro país, en la estructura económica y de desarrollo», y sostuvo que ese proceso está afectando a distintas industrias, entre ellas el turismo y particularmente la hotelería.
El diagnóstico empresarial coincide en muchos casos en describir una situación crítica, pero aparece una dificultad para ponerle nombre a uno de los factores centrales que explican la retracción: un modelo económico que, a través de la pérdida de poder adquisitivo, la reducción del consumo y el encarecimiento relativo de determinados servicios turísticos, está modificando la posibilidad de viajar de millones de argentinos.
Y un tema no menor, para desmitificar Argentina no es caro si la comparamos con el resto del mundo. Lo que se perdieron fueron los turistas internacionales de medio pelo, el de gran poder adquisitivo sigue viniendo y con números en crecimiento. Para comparar y decirlo en criollo, como sucede ahora con un dólar barato, el medio pelo argentino se va una semanita al Caribe.
No se trata solamente de discutir si los hoteles están llenos o vacíos. Promociones hacen que la demanda se mueva un poco, pero también hay un piso, «no se puede bajar mas porque los gastos fijos te comen» -explican desde el sector hotelero. El dato más revelador está en otro lugar: qué puede consumir una persona una vez que llega al destino.
Puede viajar, pero comer en la habitación del hotel. Puede alojarse, pero reducir la estadía. Puede llegar a Mar del Plata, Tandil, Villa Gesell, San Pedro o cualquier otro destino bonaerense, pero prescindir de excursiones, restaurantes y actividades.
Para los empresarios, eso significa que tener habitaciones ocupadas ya no garantiza que el destino funcione económicamente.
Una crisis que también se siente en las economías locales
El turismo tiene un efecto multiplicador particularmente importante en las localidades bonaerenses.
Cuando cae la cantidad de visitantes y, sobre todo, cuando disminuye el gasto promedio, la retracción no queda limitada a los hoteles.
Restaurantes, bares, comercios, agencias de viajes, prestadores de excursiones, transportistas, productores locales y trabajadores vinculados directa o indirectamente con la actividad también reciben el impacto.
Por eso, la sucesión de indicadores negativos comienza a configurar un escenario que desde la Provincia definen como preocupante: menos turistas, menor permanencia, menor gasto y menor derrame sobre las economías locales.
A esto se suma un problema de alcance nacional: mientras el turismo interno pierde fuerza, los argentinos que conservan capacidad económica para viajar encuentran destinos internacionales que, en determinados casos, aparecen como alternativas competitivas.
El resultado es un desequilibrio cada vez mayor, la torta se achica en cantidad de potenciales turistas porque hay prioridades antes que viajar y se debilita el mercado interno que sostiene a buena parte de los destinos nacionales.
Qué hace la Provincia
Frente a este escenario, el Gobierno bonaerense sostiene distintas herramientas para intentar amortiguar el impacto sobre el sector.
Entre ellas se encuentran los Aportes No Reintegrables (ANR) para fiestas populares, los ANR correspondientes al Programa de Desarrollo Turístico y acciones de Promoción 360.
También se mantienen los beneficios vinculados con Banco Provincia y Cuenta DNI, que incluyen créditos, reintegros, cuotas sin interés y préstamos personales destinados al consumo y la actividad turística.
Son herramientas que buscan sostener la demanda y acompañar a los prestadores en un contexto particularmente adverso.
Pero los números muestran que el problema ya tiene una dimensión que excede las políticas de promoción turística.
El turismo como espejo de la economía
Los datos de 2026 permiten observar una tendencia que se repite en distintos momentos del calendario turístico.
La Provincia perdió turistas durante el verano. Perdió turistas durante los fines de semana largos. Perdió turistas durante las vacaciones de invierno. Y los que todavía viajan gastan menos y permanecen menos tiempo.
Por eso, la crisis turística bonaerense funciona también como un espejo de lo que sucede con el consumo interno. La discusión ya no pasa únicamente por conseguir que una persona decida viajar. El desafío es que esa persona tenga el dinero suficiente para hacerlo, pueda permanecer varios días en el destino y tenga capacidad económica para consumir una vez que llegó.
Y allí aparece la pregunta que buena parte del sector privado todavía evita formular de manera explícita: ¿cuánto tiempo puede sostenerse una industria turística basada en consumidores cuyo poder adquisitivo se reduce, mientras los costos de los prestadores continúan aumentando?
Los números de las vacaciones de invierno parecen dar una primera respuesta: el turismo bonaerense atraviesa su peor escenario desde la pandemia y la caída ya no puede explicarse solamente por una temporada puntual o por un problema de promoción.
Y mientras algunos empresarios sectoriales describen una situación «crítica» y «sin horizonte», la pregunta que queda flotando es cada vez más incómoda: ¿cómo puede recuperarse el turismo interno si el mismo modelo económico que promete reactivar la economía está dejando cada vez menos dinero en el bolsillo de quienes deberían viajar y consumir?











































