La propuesta turística tiene paisajes, colores y sabores únicos; calidez humana y servicios acordes, experiencias y aventuras inolvidables para rememorar mil veces. La selva verde y la tierra roja prometen emoción.

Cálida, como su gente, Misiones tiene una propuesta turística que no termina nunca y que se puede disfrutar con frío o con calor, con sol radiante o con lluvia, durante el día o la noche, con ofertas tradicionales o nuevas experiencias, acorde a todas las economías y con respuestas para todas las edades. Nuestro hotel verde, la casa grande, está abierta todo el año.

A la vuelta de cada curva, en toda su extensión, las propuestas son interminables. Hay un sinfín de atractivos para conocer o volver a recorrer, que esperan a los visitantes con un paisaje, los sabores de la gastronomía misionera, fusión de las culturas de todo el planeta en simbiosis con la ancestral, para disfrutar un momento o una semana entera.

Sin dudas, en Iguazú está el atractivo orgullo de la Argentina, ubicado donde empieza el país, en la confluencia de majestuoso río Paraná y el imponente río Iguazú, donde se formaron las Cataratas del Iguazú, a partir de la ruptura del macizo de Brasilia -hace unos 200 mil años- y que fueron retrocediendo por la erosión que producen en el suelo, para ubicarse hoy a unos 22 kilómetros de la que se considera su formación original, y regalar esa imponencia que ostentan en medio de la selva Paranaense.

Las Cataratas del Iguazú, el río de las Aguas Grandes, dentro del Parque Nacional Iguazú puede ser un punto de partida o el atractivo con el cual cerrar la recorrida por esta provincia maravillosa, Capital Argentina de la Biodiversidad.

En San Ignacio se conservan los vestigios de la misión de San Ignacio Miní, la síntesis del encuentro de culturas de nuestra región que comenzó a principios de 1600 de mano de los guaraníes nativos y los Jesuitas de la Compañía de Jesús y que muestran la imponencia de esa organización que dejó su impronta en toda la región.

Las misiones impactaron y sedujeron, 300 años después, al escritor uruguayo Horacio Quiroga, que se instaló cerca de 1910 en San Ignacio a rescatar las leyendas de la región, convertidas en cuentos y novelas universales, con pinceladas de la idiosincrasia y creencias de la zona, resguardando su espíritu en la casona de piedra que habitó durante su paso por Misiones, y que hoy es un punto que convoca a los visitantes.

Ese encuentro de cultura de más de 400 años está sintetizado en la propuesta turística cultural Camino de los Jesuitas, que rescata las misiones de San Ignacio Miní, Santa Ana, Santa María y Loreto.

Esta Ruta Internacional de los Jesuitas, que atraviesa la experiencia de los jesuitas en Sudamérica tiene su epicentro en la actual provincia de Misiones, con conexiones hacia los vestigios de Paraguay y Brasil, haciendo un correlato de aquella vieja historia con la actualidad, donde los restos de los 30 pueblos guaraníes de la región dejaron su impronta en la hermandad de la región.

Estas cuatro reducciones, las mejor conservadas, resumen la historia y el modelo de urbanización y organización social, política y económica que las caracterizó, y que fueron declaradas Monumento Histórico, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en 1984.

Parque Temático de la Cruz, de Santa Ana. Muy cerca de Posadas, sobre el cerro Santa Ana, un punto en altura en el epicentro del emplazamiento de las reducciones jesuíticas de esta provincia, se levantó el Parque Temático de la Cruz, un espacio no confesional que rinde homenaje a la experiencia jesuítico guaraní, a la selva y su biodiversidad, y a la fusión de las culturas.

El edificio de la Cruz, levantado sobre la cumbre del cerro –a 360 msnm- tiene 82 metros de altura –es el monumento más alto del país construido por el hombre-: el tronco de la cruz contiene un ascensor que permite acceder a los brazos de la cruz para apreciar vistas panorámicas únicas en altura. El espacio se completa con mucha naturaleza, como el mariposario, un orquideario, un anfiteatro natural, senderos y una gran área social con un bar, El Santanero Restó, una capilla no confesional con vista a la imponente selva del sur misionero.

La Huella Guaraní – Mbya en turismo. Más acá en el tiempo, despegada de la experiencia evangelizadora, la Huella Mbya guaraní se cuenta en presente, con estos pobladores ancestrales viviendo en comunidad y armonía con todos los habitantes de Misiones, en esta fusión de la cosmovisión de los pueblos originarios y la idiosincrasia que trajeron las corrientes migratorias de todo el planeta, que le imprimen ese sello tan característico a la población de esta provincia, multicultural, y que hoy permite revivir ese encuentro a través de senderos ancestrales, donde las aldeas abren sus comunidades y comparten los secretos de la Nación Mbya.